Información y Redes Sociales

Contra todo pronóstico la contención y el pudor sobre la intimidad regresan como norma social, o así al menos nos lo indican los datos obtenidos por quienes estudian las tendencias del campo de la denominada batalla digital. El concepto de protocolo de privacidad ha cobrado auge en estos tiempos. Los programas informáticos para encriptar contenidos se multiplican cada día surgen aplicaciones que nos permiten ganar confidencialidad, como SnapChat, que borra los textos e imágenes de nuestro mensajes en 10 segundos tras ser leídos. Tras más de cincuenta años de una exposición masiva de la intimidad en las redes, el código sobre lo que se puede compartir en las redes y aquello que no, empieza a cambiar. Una muestra inequívoca de esta tendencia es la disminución de vídeos en la red de oversharing, fenómeno que se define como el acto de compartir demasiada información con personas que no están necesariamente preparadas o capacitadas para recibirla. Las auténticas tendencias son transversales, y esta no parece ser una excepción. Las redes sociales como Facebook, no permite pasar de ser un ciudadano anómino a convertirnos en superestrella mediatica. Ante esta situación, el impulso es atrincherarse para proteger lo íntimo ante la luz pública. Desde hace meses, decenas de personalidades famosas han abandonado sus cuentas en Facebook, Twiter o cualquier otra red social, tras haber experimentado consecuencias negativas. Actrices como Jodie Foster o personalidades del ámbito de la política como Elena Valenciano han sido algunas de las ultimas en sumarse a este movimiento y abandonar las redes sociales. Si la esfera virtual no se autorregula, los gobiernos no descartan tomar cartas en el asunto. El Parlamento Europeo debatirá esta primavera la necesidad de legislar sobre el llamado derecho al olvido, la posibilidad de suprimir los datos personales que aparezcan en la red. Pero este debate tiene la oposición ferrea del lobby de Internet que defiende la libertad de expresión y entiende que la aplicación de esta medida puede ponerla en peligro. Lo cierto es que no es sencillo establecer una frontera entre lo público y lo privado. Es problable que para encontrar la solución definitiva no pase únicamente por la aplicación de nuevas leyes, sino que también pase por la educación de cada individuo ante el uso de las nuevas tecnologías. Es necesario que aprendamos a ser más cuidadosos con nuestra información personal, y a enseñar en la red solo una parte de nuestra vida o personalidad. De esta manera, se obtendran perfiles de los usuarios menos realistas, pero también más seguros. De todas formas hoy en día existen millones de usuarios de estas redes que forman una gigantesca comunidad virtual. Es evidente que los inconvenientes que se puedan generar de las consecuencias de la rápida difusión de la información que editemos, no es óbice para no nombrar todas sus ventajas y la revolución social y mediatica que han supuesto en los últimos años. El impacto en nuestra sociedad ha sido tal, que resulta difícil encontrar entre nuestro entorno a personas que no sean o hayan sido usuarias de estas redes. La red, y más concretamente las estructuras de las redes sociales, nos facilitan enormemente la comunicación, lo que nos permite aprovecharnos de múltiples ventajas tanto en el ámbito personal como laboral. Además es un medio de comunicación económico y rápido, dos condiciones importantísimas en la sociedad actual. En el ámbito de las relaciones personales, surge la famosa teoría de “los seis grados de separación” experimento que se llevó a cabo en 1967 por el psicólogo Stanley Milgram. En este experimento, se mostraron cadenas muy cortas que conectaban a dos ciudadanos seleccionados al azar en los Estados Unidos. El concepto está basado en la idea de que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena, y sólo un pequeño número de enlaces son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en toda la población humana. Experiencias contemporáneas a través de Internet siguen estudiando este fenómeno. Estos experimentos confirman que un número muy pequeño de los intermediarios son suficientes para conectar cualquier persona a otra a través de Internet.